domingo, 28 de octubre de 2012

A 20 Años de la fuga de la peni: Honor y eterna gloria a nuestros hermanos caídos en combate el 10 de Octubre de 1992 por Patricio Ortiz Montenegro.

Por la memoria, siempre es necesario recordar acciones como éstas.
Por la libertad y por la solidaridad entre compañerxs.

-----------------





“Homo liber de reminus quam, et ejus sapientia non mortis sed vitae meditatio est (en nada menos piensa el hombre libre que en la muerte, su sabiduria consiste en reflexionar acerca de la vida y no sobre la muerte)
Baruch Spinosa.: Etica; postulado iv, prop. 64“.

A 20 años del magnicidio perpetrado por el Estado chileno y su clase política que culminaron con el luctuoso asesinato de nuestros amados compañeros y hermanos: Mauricio Gómez Lira, José Miguel Martínez Alvarado y Pedro Ortiz Montenegro, vengo por medio de estas modestas letras a compartir con Ustedes un sentido y magnánimo homenaje a estos tres gigantes de nuestra historia patria, que hoy, 10 de octubre, nos retrotraen a un ejercicio de reflexión profunda, desde nuestro inobjetable sentimiento de amor, respeto y, por cierto, dolor, que acompañan desde ya 20 años esta retrodicción, cargada de imágenes indelebles, marcadas a sangre y fuego en nuestros corazones.

Permítaseme comenzar esta alocución con un imagen, que suele ser recurrente en mi en estas fechas: corren los primeros días del mes de octubre de 1992, los prisioneros políticos agrupados a la sazón en la calle 4 de la Ex Penitenciaria despliegan sus actividades cotidianas en los más diversos órdenes imaginables: al interior de ellos, un núcleo selecto de compañeros del FPMR ultiman los detalles para la implementación de la operación de fuga a realizarse el 10 de octubre, denominada por ellos Operación Víctor Zúñiga libre, en honor al compañero mirista asesinado por Gendarmería algunos años atrás en el marco de un intento de fuga.
Pedro evalúa junto a Mauricio y José Miguel, todo lo referente a los últimos detalles del esquema organizativo, sus variantes y condiciones necesarias y suficientes para su implementación, fundamentalmente, la logística, el ingreso de los medios de fuego y comunicaciones imprescindibles para abrirnos paso al exterior; así como todo lo referente a la evacuación y apoyo externo-. Mientras tanto, entre el ir y venir de apreciaciones y optimizaciones del modelo operativo, Patricio interviene haciendo ver lo preocupante de la actitud asumida por uno de los hasta ese entonces participantes activos en la planificación y puesta en práctica de la operación libertaria, a saber, Fernando Moreno Vega. A una semana de la fecha clave, éste de manera inusitada y sin fundamento lógico o plausible alguno, decide marginarse de la operación. Patricio le plantea en esos momentos a Pedro, jefe del FPMR y de la operación, que la actitud del susodicho más que sospechosa constituía claramente un acto de traición e indicios claros de delación.

El ambiente de la reunión se torna tenso, pues, claramente, se está ante una situación de riesgo que puede abortar la operación por falta de medidas de seguridad. Se zanja la discusión, apelando al hecho de una reevaluación del asunto luego de un reintento de conversación con Fernando Moreno, que, en principio, despejará y pondrá fin al principio de incertidumbre que ello conllevaba. Lamentablemente, esta conversación jamás se llevó a efecto y la vorágine de los acontecimientos llevó a que en virtud de que la operación estaba en su fase final y era tremendamente difícil echarla atrás, habida cuenta de que la logística estaba ingresada y el apoyo externo en principio también estaba activado para la fecha clave, se decidió de forma colectiva su implementación para el 10 de octubre.

Quiero hacer hincapié en el hecho de las condiciones históricas que rodearon esta operación libertaria en los primeros años de la transición o “transacción”, valdría mejor decir, en orden al reflujo del movimiento social, la cooptación de una parte importante de la izquierda al proyecto refundacional de la oligarquía chilensis; así como, de la puesta en marcha de una política contra-insurgente de nuevo cuño, que tendría como objetivos cardinales aislar, infiltrar y aniquilar a las orgánicas revolucionarias que no estuvieron dispuestas a abandonar sus proyectos anticapitalistas -con sus aciertos y errores-. Largo sería detenerme en este punto, sin embargo, creo pertinente resaltar el hecho que las nuevas administraciones “Concertacionistas“, se aplicaron a fondo en este propósito, a fin de demostrar a sus amos que ellos sí serian garantes efectivos del modelo fundado a sangre y fuego por la dictadura.

La subsiguiente historia es por todos conocida.

En este contexto de aislamiento y en algunos casos extremos de vuelta de chaqueta, la reorganización de los nuevos prisioneros políticos post-marzo del ’90, no sólo hubo de enfrentarse al estigma de delincuentes terroristas por parte del establishment que administraba el estado pinochetista, sino también, a la indiferencia, distanciamiento y apatía de quienes aún considerábanse de la izquierda histórica chilena, que hacían méritos por no aparecer ligados a ningún tipo de violencia antisistema o revolucionaria. Dicho esto, cabe agregar que esos primeros años también fueron años de la desintegración paulatina y crisis terminales de las orgánicas revolucionarias; no siendo ajeno a este proceso el FPMR. En síntesis, los compañeros del frente en prisión pasaron momentos duros de reorganización con casi nulo apoyo externo. De hecho, la fuga de 1992 se organizó con medios obtenidos a cuenta personal por parte del núcleo organizador de ésta, de ahí también los posibles errores y deficiencias que eventualmente se cometieron.

Vuelvo a reiterar, sin embargo, un aspecto que resulta inobjetable en esta apreciación, cual es la absoluta entrega y compromiso libertario de estos jóvenes patriotas, que a pesar de las carencias, incomprensiones, vueltas de espalda y en algunos casos traiciones, fueron capaces de encontrar siempre desde el primer momento que fueron hechos rehenes de la eterna transición democrática, las fuerzas y convicciones que sirvieron de base a su resistencia activa y creativa en pos de alcanzar a recuperar nuevamente su libertad, no como un acto antojadizo, ni de desesperación patológica -como algunos han querido deshonrar su memoria-, sino como manifestación concreta del infinito amor que plasmaron en cada uno de sus actos de rebeldía, en contra del sistema capitalista, que ellos enfrentaron desde su más temprana juventud y que hoy en prisión se saldaría de la única forma que un genuino revolucionario habría de concebirla, es decir, a través de la búsqueda del reencuentro con la libertad y con su compromiso por la lucha en el seno de su pueblo en pos de una patria socialista.

Llegamos al 10 de octubre de 1992 y recuerdo un pasaje nítido al encontrarme con Mauricio temprano en la mañana, luego del habitual desencierro de las celdas efectuada por personal de Gendarmería. Mientras nos duchábamos Pum Pum, con su habitual humor, optimismo y enaltecimiento de las potencias vitales, tan singulares a su generoso y luminoso ser, con una alegría desbordante me decía: “Patochan este es nuestro último día en esta mierda de cárcel, ya nada podrá detener nuestro reencuentro con la amada y anhelada libertad“. Creo que a pesar del aciago y terrible desenlace, que las causas y azares nos deparaban escritas por los arcanos de la vida y la muerte, con todo el dolor y el absurdo, que de suyo, impregna nuestros corazones heridos por una pérdida irreparable, debo señalar contra toda pretensión de quedar absortos en un duelo y victimización infinita, la reivindicación del espíritu y opción revolucionaria -en su más alta acepción-, que estuvo en la base de la decisión adoptada por estos jóvenes valientes, que no hay que olvidar, tuvieron que vencer toda suerte de obstáculos y rebosantes de valor se enfrentaron sin ambages ni vacilaciones al monstruo de la prisión con sus esbirros adiestrados en el arte de la muerte y la desolación.

No olvidemos el coraje y decisión exhibidos en el combate por este puñado de valientes en contra de la jauría sedienta de sangre de Gendarmería, pacos y ratis, que rodearon la prisión. No hay que olvidar que estos jóvenes patriotas traspasaron más de cinco barreras de control y compuertas antes de hacerse con la calle. Se enfrentaron decididamente con sus escasos y limitados medios de fuego ante un enemigo superior solo en lo cuantitativo, visiblemente cobarde y miserable.

Será otro el momento y disculpen la extensión de estas palabras, en que pueda detallar la forma heroica en que estos hermosos muchachos plantaron pie ante la muerte con la generosidad, y vuelvo a reiterar, entrega sin límites, que los convierten en íconos y ejemplo para las nuevas generaciones que hoy enfrentan la barbarie de este sistema neocapitalista.

Permítaseme ir concluyendo este homenaje, con el recuerdo de otro momento, esta vez de gloria y victoria. Me refiero a ese glorioso 30 de diciembre del año 1996, en que también un puñado y selecto grupo de combatientes del FPMR hicieron efectivo de la forma más audaz, osada e inteligente que podamos concebir, el recurso a la fuga, esta vez con un rescate aéreo, desde la supuestamente hasta ese día inexpugnable Cárcel de Alta Seguridad (CAS). Ese inolvidable episodio de nuestro vuelo de justicia en el que Mauricio, Pablo, Ricardo y Patricio se elevaron allende los muros de la infamia y la ignominia, fue sin duda, un tributo a nuestros hermanos caídos el 10 de octubre de 1992. Recuerdo la inspiración que su ejemplo inmortal nos impregnó cada milímetro de nuestro cuerpo y alma, templados para ese combate decisivo, con el espíritu de la entrega y generosidad sin límites de Mauricio, José Miguel y Pedro, que esta vez sí alcanzarían las estrellas, acompañándonos en ese ascenso hacia las últimas fronteras donde nuevamente comenzaría el despliegue de nuestros sueños libertarios.

Honor y eterna gloria a nuestros hermanos caídos en combate el 10 de octubre de 1992.
Hasta vencer o vencer.
Desde el centro de la vieja Europa: Patricio Ortiz Montenegro.


No hay comentarios: