martes, 24 de julio de 2012

JUICIO ORAL DE LUCIANO. 2do día (lunes 23 de julio 2012)


(http://publicacionrefractario.wordpress.com/)
FIN DEL CASTIGO
Durante la audiencia de hoy lunes, lxs jueces decidieron revocar el castigo que lxs carcelerxs impusieron a nuestro compa. Las razones del castigo fueron el que Luciano iva a ser trasladado a otra habitación, pero dicha habitación tenía un sistema de duchas, el cual nuestro compa no puede manipular. Por esto, el Tortuga se negó al traslado y fue golpeado y castigado por un mes.

Sin embargo, lxs jueces decidieron que el castigo no era apto en el sentido de que afectaría un “debido proceso”, distrayéndolo del mentalizarse en el juicio.


LA AUDIENCIA
El juicio comenzó con el interrogatorio del mismo testigo (el policía) que declaró el lunes pasado, pero esta vez fue interrogado por la defensa de Luciano. Entre lo más rescatable del cuestionario, es que quedó claro que el ataque del Tortuga no afectó de manera sobrenatural la tranquilidad del lugar. Esto, porque debido al bombazo se debió cortar el tránsito en las calles aledañas, pero esto también ocurre cuando hay accidentes de tránsito. Otra falencia en la acusación fue que el policía mostró como prueba una serie de panfletos veganos; la defensa logró aclarar que veganismo y anarquismo son dos cosas distintas, además que el veganismo no tiene ninguna relación con actos de violencia. Algo aprecido sucedió con unas fotografías en que Luciano sale con unxs amigxs. El policía insistentemente decía que esxs amigxs tenían antecedentes por desórdenes públicos, pero el abogado logró aclarar que las fotos eran sólo de índole social.



Más tarde declaró una trabajadora de un local de comida rápida, que escuchó el ataque a una cuadra de distancia. La parte acusadora intentó por todos los medios hacer notar que la testigo sintió temor por la bomba, pero eso quedó desmentido ya que siguió trabajando en el lugar por ocho meses, hasta que cambió de empleo por otras razones.


Luego siguió un testigo más importante. Era el taxista que auxilió a Luciano cuando éste se quemaba producto de la explosión. En este caso, a pesar de los intentos de la defensa, se observó que el taxista sí quedó con secuelas psicológicas ya que, luego de haber ayudado al Tortuga a recuperarse, se marchó del lugar manejando, pero en estado de shock. Según relató, tuvo pesadillas por 5 meses en donde soñaba con el cuerpo herido de nuestro compañero. También declaró que su automóvil quedó con daños menores (sólo unos rasguños pequeños) debido a que estaba muy cerca del lugar de la explosión. Por último, relató cómo muchas personas pasaron por el lugar y ninguna lo ayudó.


Cuando terminó de declarar, Luciano decidió tomar brevemente la palabra para decirle algo al taxista: “Hola don Rodrigo… Bueno,yo no soy mu bueno con expresar lo que siento, pero quería agradecerle su acción, lo que hizo… de verdad que le quiero dar las gracias por haberme ayudado”. El taxista le respondió: “Sí, osea… yo, lo vuelvo a decir, no sé por qué lo hice, quizás fue una cuestión de instinto. En ese momento fue muy choqueante, pero ahora me alegro de verlo así, sonriente como está”. Luego le preguntó a lxs jueces “Sé que yo soy una simple persona, pero me gustaría saber si puedo dirigirme a abrazarlo…” El permiso se le concedió y en ese momento ambos se dirigieron al centro de la sala para abrazarse muy emotivamente, además de agradecerse y felicitarse. El taxista salió de la sala saludando a Luciano.


Mucha gente se emocionó con un poco de lágrimas, incluyendo a nuestro cachorro Tortuga. Por lo mismo, lxs jueces dieron un receso de 5 minutos para, textualmente, “calmar las emociones”.


Continuando la audiencia, fue interrogado un guardia de seguridad de un local cercano que presenció el ataque. La defensa de Luciano logró demostrar que el testigo cayó en contradicciones, declarando en el juicio una cosa y en la declaración que dio a carabineros, declaró otra cosa. Esto, en relación a que el 1 de junio de 2011 declaró a la polcía que él vio a una persona huir y luego sintió la explosión. Hoy, en el juicio, declaró todo lo contrario. Además, en la declaración que tiene carabineros él dijo que la firma que aparecía en su nombre no era de él.


Finalmente vino un receso de una hora para almorzar y luego se continuó con el penúltimo testigo. Era un agente de la Dirección de Inteligencia Policial de Carabineros (DIPOLCAR). Tras un par de preguntas, también quedaron en claro contradicciones. Primero dijo que Luciano estaba en una lista de nombres de personas vinculadas a una red terrorista que hace poco fue desmentida por la misma justicia. Luego, se le preguntó cómo Luciano fue a parar a esa lista; el policía se rehusó a responder amparandose en un derecho de “inteligencia policial”. Sin embargo, el tribunal le ordenó responder, ante lo que dijo que en realidad esa información fue extraída de una página de internet. Además también quedaron a la luz ciertas irregularidades, ya que el policía supervisó la declaración del guardia.


Para terminar, declaró un amigo del Tortuga que fue detenido el día después del accidente, mientras trasladaba, para su casa, objetos personales que Luciano tenía en un espacio okupado. La parte persecutora del caso intentó en reiteradas ocasiones sacarle información al compa, preguntándole si en la casa se imprimían “cosas”, qué actividades se hacían en la okupa y de qué se trataban. La última pregunta fue en relación con el porqué él llevó las pertenencias de Luciano a su casa y no a la policía, pero lxs jueces le ordenaron no responder por considerar la pregunta inculpatoria.


El compa se retiró haciéndole gestos de abrazos al Tortuga, y éste le respondía con una sonrisa en su cara.
Por la rapidez de los interrogatorios a lxs testigxs, se espera que esta semana terminen, para pasar a la siguiente semana con el asunto de las pruebas.


Las audiencias son de lunes a viernes de 9:00 a 16:00 hrs. en la sala 901 (piso 9) del Edificio D del “Centro de Justicia” (Metro Rondizonni). Cualquier persona puede entrar como público llevando sólo su carnet de identidad. Está prohibido el ingreso de objetos contundentes, corto-punzantes, encendedores y fósforos.

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